
kms. de la Maratón de Viña, entre Puchuncaví y Reñaca. Duro. Todo bien hasta el km. 30 (tres horas). Atrás quedaban Ventanas, la entrada a Quinteros, Mantagua, las subidas y bajadas en una mañana nublada (perfecta para el trote). Pero por allí en Ritoque, frente a la Ciudad Abierta en las dunas de los arquitectos de la UCV, comenzaron a notarse los 43 años, los kilos de más y el cigarro. Pero no nos rendimos, aunque las rodillas acusaban dolores. Además, los Astudillos (padre e hijo) y mi hijo Gregorio, tuvieron la fantástica idea de acompañarme los últimos once kms. desde el puente sobre el Aconcagua, por el borde del mar en Con-Cón. Allí fue de miedo. Bajamos el ritmo (una hora y media para 12 kms), contamos con desesperación los lugares- Playa Amarilla, Playa Negra, Cochoa- hasta llegar a la meta en Reñaca, sin miedo al ridículo, total no todos los días se corre la friolera de 42 kms y 200 metros...En la meta, las familias alegres y otros rancagúinos- Jony Evans, Carlos Maldonado y el Pepe Butrón, felices de haber realizado 21 kms. o media Maratón-. Yo, desfalleciente, como un "mateo obsesivo", orgulloso de que una jovencita me colgara una medalla que certificaba la pequeña hazaña, mientras un locutor recordaba el "largo tiempo": 4 horas 30 minutos...Aún me duelen las rodillas, pero estamos en pie. ¿Qué hubo antes? Un salir a trotar con un grupo de amigos los fines de semana, disfrutar el deporte y colocarse unas metas de locos. Pero hay que asumir la rareza que somos. Animo. Aunque no lo crean, una treintena de los 280 participantes, aún no llegaban a la meta y qué importa que 250 hayan llegado antes. Lo importante es correr una maratón en la vida.-


Admirable. Simplemente eso.
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Atte.
Didier Vidal
www.puertonatura.cl