por Esteban Valenzuela Van Treek
Los hechos están allí. Nuestra tasa de crímenes y delitos es mayor al promedio regional y nacional, y es horroroso en violencia intrafamiliar. El año 2004, la Tasa de Denuncias por delitos de mayor connotación social fue de 2555 por cada cien mil habitantes, baja a nivel regional a 2243, pero Rancagua está por sobre el promedio nacional, con 3399. Mucho más grave, según los datos que nos entrega la Biblioteca del Congreso en red con la SUBDERE, muestra que las denuncias por violencia intrafamiliar en el primer trimestre del 2004, llegaron a 676 por cien mil habitantes, mientras en el país son 150 por cada cien mil. Siempre hay explicaciones; que ahora con la reforma hay más denuncias, que las mujeres ahora se atreven a contar las agresiones en la familia, que la mayoría de los delitos son menores. Pero el problema está y lo hemos sentido en las últimas horas. El viernes visité en su hogar a José Donoso, destacado ex ingeniero de CODELCO y ex Pdte. de O´Higgins, hoy administrador de dos bombas bencineras en la carretera: en enero una banda le disparó a su hija y ahora en julio lo asaltaron junto a su mujer en la Población Granja, le dispararon con heridas graves, y le robaron nueve millones de pesos. A su vez, visitando la feria del día sábado en la René Schneider, un padre aún llora a su hijo que murió en la Plaza de Machalí hace un año y medio ("no creo en el sistema", fue la rabia), y decenas de pobladores nos plantearon los robos de cables con sus consecuencias en pagones y asaltos. En lo personal, tanto donde vivía en el sector carretera del cobre, como en nuestra oficina de Alcázar, hemos sufridos cuatro episodios de robos de radios y pertenencias, sin resultados.
Nuestro accionar ha sido informar privadamente a Carabineros de bandas de asaltantes y microtráfico en sectores poniente y nor -oriente con algunos buenos resultados, reunirnos con el General Castillo, haber contribuido a que Rancagua sea considerado en el Programa Comuna Segura, ayudar a algunos proyectos de recuperación de espacios públicos en poblaciones a los fondos que administra la Gobernación, pedir por oficio mayor dotación policial y el número de carabineros por habitante de las trece capitales regionales, conversar con el Fiscal Pérez Calaf para solicitarle un equipo especial que investigue esta banda armada, ya que es probable que no sólo sean capitalinos y tengamos en la macro zona de Rancagua estas asociaciones mafiosas. A su vez, nos consta el esfuerzo del Alcalde Arellano por lograr los recursos para mejorar la iluminación de la ciudad- ya se recuperó la ex Panamericana y se prolongó en Carretera del Cobre-, quien a su vez trabaja con las juntas de vecinos para ser más activos en apoyar a los que anden en malos pasos. La policía logró con apoyo de vecinos, encontrar a uno de los grupos que robaban cables en el sector Claudio Arrau. En lo legislativo, ya se restableció la detención para corrobar antecedentes a la policía y la Cámara votó la rebaja de imputabilidad juvenil a 14 años (era 18), por el evidente uso de jóvenes de las bandas delictuales. Además, con una red diferenciada de reclusión, para evitar las universidades del crimen con los adultos rematados.
Pero, necesitamos tres cuestiones esenciales de fondo para mejorar nuestra seguridad ciudadana:
a.- Más Soporte Comunitario y preventivo:
En la ley de presupuesto hacia el 2006 estamos exigiendo recuperar los proyectos de centros de desarrollo juvenil con apoyo en empleo, capacitación, autoestima, participación para jóvenes urbanos en riesgo sico social. A nivel regional, las agencias estatales, municipios, ONGs, Iglesias y juntas de vecinos, vamos a tener que ser más activos en crear soportes comunitarios "permanentes", no sólo eventos esporádicos. Estamos muy deficitarios de esta red básica en la ciudad. Como Casa Ciudadana estamos con algunos empresarios respaldando un Banco de Emprendedores del Cachapoal con actores populares del borde del Río, y lo queremos ampliar en la línea de crear oportunidades en el mundo popular que nosotros mismos hemos segregado históricamente en los extramuros y límites de la ciudad.
b.- Mayor presencia policial:
El patrullaje es esencial y en Rancagua es débil. Con la salvedad de la movilización policial para evitar el caos del transporte a la entrada de los colegios en las mañanas, es muy ocasional la presencia preventiva en los puntos más álgidos. Esto sumado a las unidades de inteligencia civiles para desbaratar las bandas (Por Dios, alguien está comprando los cables robados de cobre).
c.- Una cultura de mayor convivencia y amabilidad:
Los rancaguinos somos luchadores y trabajadores, pero tenemos una tendencia a la agresividad, y a veces a la descalificación, que lleva a conductas sociales masivas. También, el poco diálogo con los niños y jóvenes. La modificación en curso a jornadas de trabajo más humanas, que favorezcan la convivencia familiar, apuntan a estas causas de fondo que "facilitan" la violencia intrafamiliar. Pero hay que mejorar el trato, cuidarnos, ser más respetuosos. Una campaña de convivencia y amabilidad, escuelas de mediación de conflictos, cultura de la tolerancia, son tareas colectivas que no dependen de una organización o del Estado. Cómo cuesta que a veces un dirigente deje jugar a la pelota en la plaza a los muchachos del barrio, o que éstos tengan los respetos debidos por árboles y adultos mayores. Cómo unir al mundo sindical, cómo lograr que los empresarios sean más integradores de los sindicatos, que los profesores tengan los instrumentos para generar cultura de la convivencia en las escuelas. Mi esposa sicóloga, Alejandra Pallamar, con docentes de la Universidad de Rancagua, trabaja en una investigación para precisar las competencias emocionales que se esperan de los alumnos, integrados en los objetivos transversales de la Reforma, pero sin una clara operacionalización y entrenamiento de los profesores para alcanzar estos logros esenciales.
Tenemos una ardua tarea para lo cual no sirve la imagología ni el marketing efectista, pero tampoco la desidia acrítica y las intervenciones esporádicas. Estos es responsabilidad de todos; debemos lograr una alianza social en la ciudad para defender el derecho humano a la seguridad sin el espejismo que ello se logra sólo con leyes más severas y cárceles. De hecho, ha aumentado enormemente la población penal, disminuyen los beneficios carcelarios y han invertido enormes sumas en la nueva justicia, sin un cambio de tendencias significativo, aunque afortunadamente el Ministerio del Interior muestra un estancamiento en las cifras al alza que se observan desde el año 98, lo que se vincularía a la recuperación del empleo (la causalidad entre vulnerabilidad social y delincuencia). Este enfoque integral y sincero, lo proponemos para que las diversas autoridades colaboremos en esta triada; más soporte comunitario y oportunidades a la población vulnerable, mayor presencia y efectividad policial, una cultura de la convivencia y del respeto al otro que es responsabilidad personal de todos.