
Se palpa otro aire en Venezuela desde que Chávez reconoció su derrota en el reciente plebiscito para reformas constitucionales, orprendió con su llamado a las FARC para dejar las armas y terminar con los secuestros. Incluso, en estos días los diarios consignan el enojo de dirigentes sindicales con su líder bolivariano por llegar a un acuerdo estratégico con las asociaciones empresariales para dar un impulso a la producción.
Hay dos lecturas posibles; Chávez maniobra ante la fortaleza de la alianza político militar entre Colombia y EEUU, y busca el acuerdo con los empresarios ante los problemas económicos del país que contrastan con el auge petrolero: inflación y carestía de alimentos básicos. La segunda es opción es un viraje más dialogante y pragmático en el presidente.
La realidad no se maniquea aunque los propios venezolanos no lo acepten debido a su profunda división. Un respiro fecundo es dialogar con una pareja de profesionales, quienes desde una posición chavista han evolucionado a una "militancia crítica"(él) y desde la independencia a una postura favorable al Gobierno ante las posturas intransigentes de la oposición (ella).
Allí aparece en el relato los claroscuros, la valoración y la crítica, desde la comprensión de la génesis del chavismo en los noventas como una respuesta a la crisis de un sistema de partidos corrupto, que provocaba el abandono de millones de pobres urbanos y rurales que no contaban con agua, escuelas suficientes ni salud. Tras una década de "Revoluciòn Bolivariana" la popularidad que se sitúa en torno al 55% de la poblaciòn, es producto de las ayudas monetarias a los quintiles más carenciados, salud familiar (con más de un millar de médicos cubanos), nuevas escuelas, microcrédito, recuperación de espacios públicos, así como proyectos emblemáticos como un tren y ampliación del metro para el colapsado conurbano caraqueño o las nuevas refinerías.
Sin embargo, los chavistas "críticos" se reconoce que fue un error quitar la concesión a un canal opositor, que ha faltado firmeza para enfrentar la corrupción y dotar al país de una Contraloría independiente, que la retórica hay que acompañarla de políticas públicas y transformaciones eficaces aùn ausentes en vivienda e infraestructura, que el control del dólar ha generado un mercado paralelo en que surgen fortunas de la nada.
La realidad no es blanco y negro. Hay prensa, radio y televisión que denosta a Chávez. La oposición se ha fortalecido tras el triunfo del NO y se apresta a elegir más gobernadores (hoy sólo tiene cuatro) en un país que elige sus gobiernos regionales. Además, el próximo año, en las legislativas, no se repitirá la ausencia de oposición en el Congreso, lo que debilitó las instituciones y los contrapesos, que han llevado al propio Chávez a desistirse de leyes decretadas sin deliberación.
Es más, mis amigos "chavistas críticos" reconocen que no toda la oposición es igual, que hay izquierdistas que no fueron convocados, que el centroderechista "Primero Justicia" hizo una labor social importante en introducir mediación comunitaria en un país donde se padece la impunidad, el conflicto y la delincuencia. Autocrítica para buscar comprender porqué las mayorías estudiantiles de la Universidad Central se han vuelto opositoras, aunque a su vez, hay orgullo por las "universidades bolivarianas" que han dado acceso a los jóvenes de menos ingresos, de barrios en que sus escuelas no les permite lograr los puntajes para acceder a las tradicionales universidades del Estado.
Venezuela está en una búsqueda frenética de sentido, cohesión y se abre una ventana para recuperar la convivencia. La democracia implica reconocer al otro, y ese es un camino que chavistas y opositores tienen por delante. Lo que sí está claro, es que no hay hegemonía total. El propio chavismo sabe la diferencia entre su lema "patria o muerte" y la nueva imagen de tres figuras humanas de colores vivos que se entrelazan para declarar que ahora "el país es de todos". Dos metarelatos para un proceso que necesita mayor consenso, mayorías, eficacia y capacidad de construir confianzas para dar fecundidad a los tiempos del petróleo a 140 dólares. Gobernar no es vivir en la guerra; es construir.Estar en la oposición no es demonizar, es criticar y buscar compromisos. La historia dirá si los "chavistas críticos" y los "opositores sensatos" abren un nuevo cauce.

