SIDDHARTA Y LA CATEDRAL DEL MAR

Enviado por Esteban Valenzuela el 28/06/2008 a las 19:47
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Hay dos libros que me han impactado en estos días. "La Catedral del Mar" de Idelfonso Falcone, y Siddharta, la famosísima obra de Hermann Hesse, la que reconozco nunca haber leído.

"La catedral del Mar" es la historia de Barcelona y Catalunia a fines de la Edad Media, donde nos muestra toda la crueldad de los señores de la tierra, el abuso de reyes, las turbas aleniadas que asaltaban a los judíos, el amor tranzado entre familias, y una brutal retrato de la Inquisición, mostrando el lado oscuro de cierto catolicismo de prebendas y persecución. Pero es una crítica desde la fe; el héroe de Falcone es un niño campesino catalán liberado por su padre, que crece en medio de los estibadores del Puerto de Barcelona, los que junto a su trabajo de descargar barcos, caminan a las canteras del Monte Montjuic para cargar las enormes piedras de la catedral que construyen a la Virgen, Santa María del Mar. Es el pueblo de Barcelona que se une contra la falsa religión de los poderosos, que sintoniza con las enseñanzas de teólogos más abiertos como Ramón Llull, y que en la imagen sencilla de la Virgen busca fortaleza frente a los abusos, el odio, las enfermedades y la guerra. Una visión catalanísima que reivindica una fe dialogante y una ciudad como espacio de libertad. 600 páginas conmovedoras.

Junto a ese gran texto, devoramos las 160 páginas de Siddharta. Pensamos que no tuvimos la suerte de tantos adolescentes de dar con este libro sabio. Leímos a Greene, a Boll, a Bach, a Fromm, pero no a Hesse.

La historia de un joven de la India, hijo de un Bramhan, que se se convierte en asceta vagabundo junto a su amigo Govinda, para aprender a controlar el hambre y la ansiedad en medio de los samanas medicantes. Sus dudas con las doctrinas e ideologías, su búsqueda de realización personal (el amarse así mismo para poder amar, en código del Evangelio), su éxito en los negocios y el amor desde una actitud desaprensiva, su opción por ser un remero y envejer escuchando a un río cuando se ve envilecido por el juego y el poder.

Así habla en la mitad de la historia:

"Observaba que los humanos vivían de manera infantil, casi animal, que él a la vez amaba y despreciaba. Los veía esforzarse, sufrir y encanecer por asuntos que no merecían ese precio; por dinero, pequeños placeres y pequeños honores; contemplaba cómo se insultaban unos a otros, se quejaban de sus penas, de las que un samana (asceta) se ríe, y sufrían por carencias que un samana ni siquiera sentía".

Nos quedan dos reflexiones de estos libros. "La Catedral del Mar" es una invitación a recordar que la fe es sana cuando se vive con libertad, en comunidad y en el respeto al otro. Siddharta recuerda con agudeza que hay que buscar la serenidad, única forma de estar en el mundo sin el ansia destructora que nos acecha siempre.

 

 

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