
Al atardecer de domingo, como ejercicio familiar, caminamos desde Machalí hasta el Monasterio Trapense en Codegua, por el borde del canal desde donde se mira el valle, los cerezos en flor y un camino de quillayes con esos arreboles deslumbrantes de "este valle en que vivimos" (al decir de Oscar Castro). Es el cielo que despide el invierno y anuncia septiembre.
Nos hizo recordar las palabras sorpresivas que tuvimos en la pequeña comunidad católica de Nogales, en la misa de la mañana. Nos visitó el padre Agustín Moreira, capellán del Hogar de Cristo. Fue a pedir que colaboráramos en la construcción de un hogar para ancianos postrados. "El Padre Hurtado invitó a ver a Cristo en el desvalido", recordó. También a transformar la pequeña capilla de madera en un templo para el hogar y la comunidad que crece de la mano del padre Pedro Barahona, director del seminario diocesano.
El Señor regala el atardecer y nos quedamos con la otra reflexión del sucesor del Padre Hurtado: "Hay que dar solidaridad y alegría, lugares para compartir y para orar. Así crecemos y lo hace Chile. Agosto es el mes de la solidaridad, septiembre el de la patria, el hogar común".


No me sorprende que un amigo como tú tenga la innata capacidad de disfrutar de un bello atardecer en los Trapenses, menos aún cuando tus muestras de solidaridad se materializan en la cercanía con quienes te conocemos, desde la semana santa que no estoy por ahí, pero sé lo que es experimentar esa paz infinita que da el lugar, el reencuentro con Dios y la Naturaleza que rodea el lugar.
Somos tan imperfectos, sin embargo allì se puede sentir el sublime perdón de nuestro creador, a quién agradezco tener cerca gente como tú, que Dios te bendiga, y nunca te falte la sabiduría, la humildad, y ese gran corazón.