(Respuesta a Bettina Horst, investigadora de Libertad y Desarrollo)
Se equivoca la destacada investigadora Bettina Horst en colocar como dicotómico la opción por mayor poder municipal o una apuesta por regionalización. En la centralizada política chilena (el Gobierno central maneja el 90% de los ingresos fiscales versus el 50% en promedio de los países de la OECD), se requiere tanto fortalecer los municipios como crear gobiernos regionales-metropolitanos autónomos, con competencias nítidas y los controles adecuados para evitar burocracias innecesarias. El sociólogo alemán Ulrich Beck invita a pensar en el siglo XXI con “y”, evitando las exclusiones del “0”. Municipio fuerte “y” gobiernos regionales democráticos son el camino en todos los países desarrollados, grandes y pequeños, de tradiciones políticas liberales, socialcristianas o socialdemócratas.
Por inspiración de la propia investigadora, colaboramos con la Universidad Católica en propuestas para fortalecer a los municipios, en la línea de su fortaleza financiera (apropiación de las contribuciones de bienes raíces, hoy con un 70% de exención), traspaso de programas centrales que proliferan en múltiples agencias (política social, prevención de la droga, deportes) y mayor control y participación ciudadana. Pero a su vez, es indudable el rezago en lo territorial o nivel “meso” como lo definen los expertos mundiales. Chile es el único país medio-alto del mundo y de América Latina sin gobiernos metropolitanos o alcaldías mayores a cargo del transporte público, vías estructurantes, parques intercomunales, aguas lluvias y macroplanificación urbana. Aún tenemos presidentes (as) arriba de máquinas bacheadoras de “eventos” (hoyos) en las calles.
La actual reforma de elección directa de los consejeros regionales- prometida hace una década por la Concertación y por los candidatos presidenciales de la derecha-, es un paso significativo para desterrar un modelo signado por la designación, la falta de debate y el oscurantismo, que como bien señala el historiador Edison Ortiz, son un caldo de cultivo para el clientelismo mediado por poderes parlamentarios. Acierta Bettina Horst al señalar que esta mera elección requiere traspaso de competencias y recursos, evitando la “descentralización lírica”. Esto es difícil con nuestra elite que asocia centralismo a “orden”, a pesar de los escándalos e ineficiencias fragrantes de muchos ministerios en los últimos años.
Pero no inventemos la pólvora. Hasta Francia, el más centralista de los países de Occidente, combinó la permanencia de la delegación central en los territorios con la creación de gobiernos regionales autónomos con sus propios recursos, tareas y “presidentes” (la gran omisión de las propuestas de Frei, a propósito del futuro). Lo clave, es hacerlo con separación de funciones, buscando la eficacia, sin volver atrás, como lamentablemente se hace con la propuesta de “servicio nacional de educación”, donde en vez de premiar y fortalecer los municipios y/o corporaciones municipales que funcionan bien, se opta por suprimir la municipalización en forma homogénea, dejando a los alcaldes en meras funciones consultivas (lo razonable es obligar a la fusión entre municipios cuando no se tiene la “escala” o se administra mediocremente).
Vienen tiempos de elecciones, propuestas y transformaciones políticas. El adversario es el subdesarrollo y el centralismo excesivo; confiemos en los municipios y las regiones para niveles de autogobierno específicos y bien financiados.
Esteban Valenzuela Van Treek
Diputado por Rancagua
Bancada Regionalista, Los Federales.