Trotando entre Nercòn y Rauco, se me acercaron unos cisnes de cuello negro y me soplaron estos nuevos cuentos chilotes:
LA OLA DE LAS SANTAS DE DETIF
De regreso de Cucao, donde los lagos interiores y los bosques de Chiloé chocan con el Pacífico, allà donde vive la huichillerìa (comunidades huichilles), el artesano de madera de ciprès, Tomàs Huenchecoy, nos dijo que el paraìso estaba al otro lado, al oriente, en la isla de Lemuy, "donde acaba el camino entre dos mares, abajo de los acantilados, en la playa viven las mujeres màs creyentes del mundo...ella estàn en el edèn".
Al sur de Chonchi tomamos la barcaza hacia Puqueldòn. La boleta reza "Transporte Marítimo San Judas Tadeo".El camino serpenteó entre medio de campos de ovejas, trigales, bosques y canchas de fútbol atestadas de jugadores y parientes. Era domingo en la tarde. El sol iba y venìa en medio de la nuborrá (el cielo gris y celeste de Chiloè).
Atrás quedó la iglesia de dos torres de Puqueldòn, el camino se volvió de ripio y una polvareda anunciaba los escasos autos que se cruzaron en los estrechos caminos. La isla de Lemuy pareciò acabarse, al quedar en los aires sólo el sendero final de un angosto trecho hasta la ùltima arboleda. El sol iluminaba el atardecer al sur poniente. Al nor-oriente, a lo lejos, Castro estaba detrás de alguna isla.
El auto estornudó frente al cementerio de flores coloridas y cruces de madera en lo alto. El camino bajó en picada hacia una playa, donde junto a una docena de casas, una escuela vacìa, se levantaba la pequeña iglesia de madera. Dos chanchitos se refregaban en las maderas de alerce.
Estaba abierta una puerta lateral y nos colamos. Casi quedamos ciegos de belleza y colores. El modesto templo de madera se iluminaba de figuras vestidas de finos vestidos, colores llamativos, bordados de oro, y flores fuertes con la luz espectral de último rincón de una extraña isla.
De pronto, sin saber de adónde salieron, una señora morena y gorda sonriente se presentò como "Candelarìa Cárdenas, la fiscala", junto a otra alta y delgada, vestida de rojo, de unos setenta años, que recitò "Soy Carmen Marìa Mansilla, la patrona de la Iglesia, feliz con su visita, son los primeros en aparecer en diciembre, nadie nos visita sino hasta febrero".
Allí estaba en su esplendor vivo el barroco catòlico latinoamericano y la herencia de las misiones jesuíticas que dejaban fiscales y patrones a cargos de las recónditas capillas en los parajes del fin del mundo. La fiscal y la patrona fueron mostrando sobre tronos para las peregirnaciones al Jesùs Nazareño de color morado, la Virgen de Lourdes, Santa Teresita de los Andes de cafè, y un San Juan de un rojo que no tiene nombre, un rojo existente solamente en esa pequeña iglesia.
¿Por què se llama Detif? La fiscala murmura sacándonos a un lado: "Ni la patrona sabe, la verdad es que aquì hubo un maremoto y la ola se llevó a todos los habitantes, salvo uno, el que contó a sus hijos que el mar gritaba ¡Detif, Detif, Detif ¡".
¿Y quièn construyò la Iglesia?, interrogamos. En ese instante, la fiscala y la patrona no quisieron hablar más, y sólo rieron, pidiendo que lleváramos a una niña y su madre hacia Puqueldón.
Ya al anochecer, a eso de las nueve y media, porque en diciembre el sol se va tarde en Chiloé, cruzando la barcaza hacia Chonchi, el piloto nos explicò que navegaba a ocho nudos. Se veìa triste y le preguntamos porquè. Nos contò que doña Irma, la dueña del pequeño buque, ya no seguirìa en el negocio porque "ahora piden barcos màs grandes". ¿Y què va a hacer?, preguntamos.
El joven sonriò y musitò con suavidad: "Me voy a vivir a Detif, esperando la Última ola". Entonces, desapareció.
Nota: La lectora de nuestro blog, Ary, averiguó què significa Detif en mapudungu (en Chuloé habitaban los huichilles, o mapuches del sur). Coincide con la historia: DETIF: Persiste, hace ruido.

