EL NEGRO OLIVARES NO MORIRÁ EN LA CIUDAD MINERA

Enviado por Esteban Valenzuela el 03/02/2009 a las 9:59
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Hèctor Olivares, 84 años, dos años batallando con el càncer, postrado en su cama cerca del mar, acompañado de su hijo Patricio, no habló ni un segundo de sus achaques. Volvió a la carga con sus pasiones, su vida y sus sueños; que el royalty minero no està llegando a las regiones, que debe unificarse el movimiento sindical cuprìfero, que CODELCO puede invertir más en refinaciòn, que el Día del Minero  debe ser feriado en Rancagua y el norte.

El Negro Olivares es un rancaguino que marcò la historia nacional de sindicalismo. Gestor clave de la poderosa Federación de Trabajadores del Cobre en Machalí, que luchó por conquistas que permitieron a miles de familias la posibilidad de  movilidad social, salud digna, apoyo escolar, respeto a las normas laborales.  

Miró màs allà de los intereses gremiales y sostuvo la demanda porque un porcentaje de las ventas mineras quedasen en las provincias que producen el sueldo de Chile. Lo lograron en las postrimerìas del Gobierno de Ibàñez, ley que con su 5% permitió invertir el alcantarrillado, pavimentos, parques, complejos deportivos en las comunas de la provincia de O`Higgins, aquella que logrò ser sede de un Mundial de Fútbol en 1962. 

La batalla no fue sòlo por nacionalizar el Cobre, logro alcanzado con Allende en 1971 y el acuerdo unànime del Congreso. Para Hèctor Olivares, en la doble calidad de sindicalista y parlamentario- en tiempos en que esa condiciòn no se perseguía- el cobre debía también regionalizarse y dejar futuro allí donde emana. La ley de las provincias mineras fue abolida en dictadura y no se ha querido escuchar la opciòn de reponerla, el sueño de Olivares.

El Negro fue humillado, sufrió la cárcel y el exilio, a pesar de que sus propios adversarios le reconocían su actitud de diálogo, que no se contradice con la firmeza. Alfonso Orueta, alcalde opositor a Allende en esas èpocas, recuerda las gestiones de Olivares para que la colonia española pudiera hacer su Centro recreativo en la casa patronal del Parque Marìa Luisa.

El amor a la patria chica, a su Rancagua, le hacìa trabajar con todos. Es lo que vivimos juntos a comienzos de los noventa cuando volviò a ser diputado por su ciudad; persiguiò un gimnasio digno para el Manzanal, sedes decentes en las tradicionales poblaciones 25 de Febrero y Rancagua Sur, pavimentos, se entusiasmò con el verdor para las zonas pobres, con el agua para el sector rural...

Su sentido del humor nos habla del testimonio de la vitalidad. El mismo que conservò en el campo de concentraciòn de Dawson, el que usaba con los recios mineros en el Restaurant el Cobre, o el que lindaba con la coqueterìa con las socias del Círculo Sewell.

Hèctor Olivares no morirá; en esta ciudad està parte de su familia, sus amigos, los nietos de sus amigos, los nuevos sindicalistas, la Federaciòn y el sindicato unifcado, Sewell en la montaña y los atardeceres hacia el Poniente. Allí descansarà en Paz, en el Cementerio 2, cerca  del payador Cèsar Castillo, junto al patio de cruces blancas de los 360 mineros que hicieron llorar a Chile con la tragedia del humo en 1945.

"No derrames làgrimas y lucha por tu provincia minera", nos susurra desde lo alto.  GRACIAS NEGRO

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