LA YEGUA DEL CARDENAL CARO EN PICHILEMU.

Enviado por Esteban Valenzuela el 04/02/2009 a las 23:32
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Era un simple viaje por los cerros de Pichilemu, desde Punta de Lobos hasta Pueblo de Viudas. Por un camino de tierra gredosa, con el sol oblicuo de la mañana dibujando las arboledas de pinos en los campos silentes de trigo, apareció un breque, esos pequeños coches celestes tirados por un caballo que se popularizaron en el balneario creado por Agustìn Rosss a comienzos del siglo XX. El tren llegaba hasta el Alto de la cordillera de la costa y desde allì, los breques transportaban a los veraneantes hasta las playas del pacìfico.

Lo detuvimos y Pablo Cornejo, el hombre de mediana edad, dijo que iba a Comillas,cerca de Ciruelos y la Quebrada del Nuevo Reino, donde nació el primer cardenal chileno, Josè María Caro. TRILLA.jpeg

- ¿ Puede llevar a los niños para tengan la experiencia arriba a de un coche?

- Por supuesto, arrímense- dijo con su castellano cantadito de los costinos.

No acepto pago alguno y enfiló por el antiguo camino a Cahuil hacia el sur. Los niños quedaron alucinados con la fuerza de la yegua de color café claro.  Cornejo nos susurrò al oído:" Es bisniesta de una taratuela yegua del mismísimo Cardenal Caro. Se llama Rucia y estará en la trilla de Pañul".

A los días, tras bordear la Laguna y estero Nilahue, desde Cahuil hasta la Villa y Barrancas, tomamos los caminos serpeantes hasta Pañul. Tras conocer el molino de agua que muele hace un siglo trigo y quinoa- según el divertido don Servando, un señor de estirpe y pequeño industrial entre los cerros-, llegamos a la fiesta de Trilla a la Yegua Suelta. La bandera chilena flameaba impecable en lo alto de un palo de eucaliptus, un dúo de arpa y guitarra de San Fernando tocaba tonadas y cuecas, un huaso cobraba 200 pesos por el paseo sobre una cereta de yunta de bueyes pero "mil por sacarse una foto", el vino corría, y los potrillos y yeguas nuevas aplastaban el trigo correteadas por avezadas duplas de huasos bien vestidos.

 

No estaba la Rucia, la nietísima de la yegua del Cardenal Caro, no apareció en medio de la explanada del caserío de Pañul donde decenas de familias campesinas han crecido junto al oficio de artesanos de la greda.

De vuelta, al pasar trotando por Comillas, miramos a la modesta casa en el Cerro del Señor Cornejo. Allí la Rucia nos saludó, mientras seguíamos sonriendo al atardecer solemne que nos prodigó una vez más esos cerros de olor a pino y aromos, a boldos y eucaliptus, en ese pequeño bosque bendito junto al mar llamado Pichilemu.

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