Visitamos dos días Medellín por el Parmalmento Andino y luego Guatemala, para dar conferencias de gestión local a alcaldes de comunidades Mayas.
Como todo país, veo los claroscuros.
Medellín es una ciudad excepcional en Colombia, famosa por sus empresas públicas (metro, aguas, un sistema de telesférico que transporta a los pobladores de los cerros, incluso asesoran otras urbes), con una calidad de los espacios públicos de fama mundial (estética, bien cuidados, con esa cultura de mantención que tanto falta en Chile), emprendedores en los económico (el "orgullo paisa", como se les dice a los habitantes, entre ellos el presidente Uruibe, Juanes, Juan Pablo Montoya)...Visité a mi amigo Jesús Ramírez que es el secretario de gobierno del Municipio, quien trabajaba con sicólogas y asistentes sociales evaluando los planes de reinserción de ex paramilitares. Medellín hace una década tuvo 300 muertos cada cien mil habitantes. Ahora están en 30, distantes aún de los 5 asesinatos cada cien mil personas que ocurren en Chile. Pero avanzan en cultura de convivencia, mezclando mano dura con inversión social, la única ecuación que sirve.
En Colombia hay esperanza, aunque falta diálogo, seguir la lucha contra la impunidad y la corrupción, hacer que la vida sea el derecho esencial. Pero trabajan duro y los resultados se notan.
Guatemala es bella, con una mayoría indígena rica en cultura e indentidad, pero donde la delincuencia está desbocada, los ricos no quieren pagar impuestos, la corrupción hace difícil el esfuerzo de crear instituciones.
Con la GTZ alemana se colabora en fortalecer los municipios. En Todos Santos, donde todo el pueblo usa su vestido propio (como si husáramos la chupalla en Rancagua), trabajan por preservar la belleza de sus montañas únicas. En Quiché, Huehuetenango o Patzité, se trabaja para mejorar la calidad del agua, lograr cultura de pago de los impuestos locales, limpieza e inversión social.
Cerca de Santa Cruz del Quiché visité una antigua ciudad Maya. En el atardecer, bajó a la cueva que se interna decenas de metros en la montaña. No había nadie, pero una hilera interminable de velas estaba encendida hasta el fondo, como esperándonos. Fuimos a ese lugar de oración maya, y rezamos por nuestros seres queridos, por la salud de mi padre, porque nuestra América recobre armonía y dejemos de ser el continente de la desigualdad y la violencia.

