Por Esteban Valenzuela Van Treek. Diputado por Rancagua.
El acuerdo entre Un verdadero acuerdo político pasa por crear Tras el establecimiento de esa autoridad debe venir la sensatez básica del financiamiento a largo plazo. El modelo que se plantea de financiamiento para el próximo quinquenio no resuelve las falacias: se prometen subsidios millonarios permanentes sin tocar el tema tributario, el cual en la experiencia comparada (de Taipei a Berlín, de Bogotá a Barcelona), se basan en una combinación de aportes centrales con una ampliación de la base tributaria de la macro ciudad, que se asocia a sobre tasas del impuesto predial (contribuciones de bienes raíces). No asumir esto es engañarse y ser injustos. Engaño porque se ha gastado parte de lo ahorrado en la bonanza del precio del cobre, que difícilmente volverá a cuatro dólares la libra como el año 2007. Además, hay recursos comprometidos para sostener el alza de las pensiones y la red de protección social. Por tanto, la reforma tributaria en la macrociudad- que se hace cargo de las externalidades negativas de su gigantismo-, es el camino para dar sustentabilidad, terminar con el insólito congelamiento permanente de tarifa y hacer equidad, ya que hoy es el peor de los mundos: el gobierno le subsidia de la misma forma la tarifa a un obrero de la construcción de Cerro Navia y una estudiante de universidad privada de Las Condes. Los impuestos metropolitanos son la manera de redistribuir recursos al interior de la macrociudad y acortar las brechas no sólo en transporte, también en una más vigorosa política ambiental, de espacios públicos y evacuación de aguas, aspectos en que el clasismo es evidente en Santiago. Con Regiones se mantiene la precariedad. Van tres años en que no se implementó ningún subsidio- el Gobierno pudo haber enviado leyes separadas, no hay compensación y vagamente se dice que habrá recursos de infraestructura similar. Anuncios vanos ante la realidad: las ciudades de regiones- con la excepción parcial de Concepción y el gran Valparaíso- no cuentan con un plan de inversiones significativos para mejorar la calidad de su transporte, de vías exclusivas, ni sistemas controlados en red para semáforos. Más vale dar autonomía regional y traspasar recursos para hagan sus planes de transporte y ambientales con recursos tan abundantes como en Santiago, permitiendo a sus consejos regionales participar en las maneras de focalizar adecuadamente los subsidios. Veremos si para el presupuesto 2010, Cortázar y su Ministerio presentan los proyectos concretos para regiones y sus ciudades, o quizás, un nuevo tramo de

