ASTURIAS Y GIRACCA: PASION Y RABIA POR GUATEMALA.
Por Esteban Valenzuela van Treek.
Magíster en Ciencias Políticas (UC-Chile) y Desarrollo (Wisconsin-USA), escritor y candidato a doctor en Historia de la Universidad de Valencia. Consultor GTZ en Guatemala.
De viaje a Tucumán a un encuentro para debatir sobre fraternidad, el principio olvidado de la Revolución Francesa (la justicia y la libertad no alcanzan), fui conmovido por dos libros que me hicieron un ser sonámbulo, ido de aterrizajes, celajes y altoparlantes. Un autor clásico, consagrado, en el panteón de los grandes (como Neruda y Darío): Miguel Ángel Asturias y su conocido Señor, Presidente. La otra, una escritora que irrumpe como las cenizas del Pacaya, cubre todo de su narrativa en erupción, que me hizo, como no ocurría hace varios años, en leer un libro entre Guatemala y algún lugar del corazón de Sudamérica: la filósofa, académica, columnista y activista de los derechos indígenas, Anabella Giracca y su novela Demasiados Secretos.
Asturias murió cuando la niñita Giracca aún no vestía minifalda (eso creo, al oír su vehemencia en el Palacio de la Cultura para no hacer folklorismo estético con los mayas y luego leer su prosa volcánica, iniciática).
Se parecen demasiado y no es exageración. Dos prosas fulminantes, ilustradas y populares, que aman como nadie esta tierra arrasada de violencia, como niños que lloran su país y regresan a los sonidos monótonos de las letanías, como un mantra o una oración en los brazos de una abuela que es el refugio en el holocausto final: ilógico, lógico, relógico..canta e ironiza Asturias; nada te turbe, nada te espante, todo se pasa…rememora y ora la Giracca.
La novela de Asturias fundó de manera no panfletaria la literatura contra las tiranías en América Latina; después vino Yo, el Supremo del paraguayo Augusto Roa Bastos, y mucho después La Fiesta del Chivo de Vargas Llosa, entre decenas de libros, ninguno alcanza el dramatismo y la morbosidad sonora de este Asturias refugiado en París, que vive su patria como el cuco de los sueños, para entramar la historia de la perversión entramada con un amor pérfido, con actos de coraje en el submundo de los miserables, con traiciones que explican la desconfianza ontológica del país del miedo al otro.
La historia de Anabella Giracca de manera inevitable le recuerda a un chileno La casa de los Espíritus de Isabel Allende, novela de mujeres mágicas, de destinos trágicos, con el auge y caída de los sueños redentoristas, con la maldad encarnada, con hombres que son el deseo y la muerte. Pero la Giracca se aparta del realismo mágico, hay menos metáfora, la pluma no se atrapa en lirismo, se vuelve realista, por momentos brutal, en otros lárica, casi bucólica; una narrativa esquizofrénica, que no da tregua, que nos remite a todo claroscuro, que se permite combinar en el mismo párrafo erotismo con horror, la ternura del beso de la muerte.
Sin embargo, son novelas neo costumbristas, sin criollismo banal. Ambos quieren contarnos los buenos tiempos y hacen desfilar algunos pequeños héroes, en medio del lodazal; sacristanes decentes, indígenas indomables, artistas soberbios, colonos alemanes que se liberan en el trabajo, mujeres que crean, vagabundos con mirada prístina, cocineras del último banquete posible, artistas circenses que huyen a un nuevo mundo, generales que creen en otro orden.
Por no hay escapatoria. El texto parece un epitafio sin salida. Asturias realizó un sarcasmo atroz con los que hacen como que hacen y no hacen nada, mostró la sofisticación y profundidad de las redes de corrupción, la hipocresía, la cobardía y crueldad del abuso de poder, la rescilencia para sobrevivir en la ciudad de los patios interiores. El libro que comenzó a escribir hace casi un siglo tiene la actualidad de una profecía auto-cumplida.
Anabella Giracca nos recuerda la historia que pervive o historia del tiempo presente; un fresco que está demasiado vigente, como si pintara un mural en el cielo arrebolado de Guatemala, un martes gris, de aguacero, de esos que hemos padecidos en este Continente, donde las cabezas cortadas de cuajo conviven con la sonrisa más bella del mundo en el vestido exquisito que quisiera la Giaconda para taparse, con las flores asemejan el jardín imposible del cielo.
Novelas del amor y el extravío, de la pasión por la mater dolorosa que se convierte la Patria, esa palabra manida que sirve de escenario a las historias que no quisiéramos leer, pero allí nos vencieron y conmovieron en lo que sería un breve viaje a Tucumán para oír a Mercedes Soza en mis propios delirios.

Estimado Esteban.
Mi nombre es José David Berríos. Al igual que ud. soy oriundo de la sexta región, particularmente de los alrededores de Villa Triana, y además estudio periodismo en la UC.
El año pasado fui presidente del Centro de Estudiantes. Además fui candidato para ser Consejero Ejecutivo y formé parte de la comsión de educación del proyecto UC reforma el año pasado.
Después de darle la lata con esto, quería contarle que siempre me ha interesado la posibilidad de trabajar políticamente por la región porque siento que no necesariamente se hacen las cosas de la mejor manera. Especialmente en localidades rurales como Lo Miranda. En base a su experiencia como diputado y también como político independiente me gustaría saber si es posible concertar una reunión para conversar sobre como hacer carrera en la región. Traté a través de mi colegio de llevar un plan de charlas vocacionales avanzadas, pero no obtuve ninguna respuesta (proyecto que además iba a ser auspiciado por la Facultad de Comunicaciones). Entonces me gustaría su opinión y consejo para saber como poder ayudar de mejor manera en nuestra región.
Mi correo aparece en mi comentario creo. Muchas gracias por su tiempo y muchos saludos.
José David,
muy bien, escríbame a evalenzuelavt@gmail.com y le haré sugerencias.