

La nonagenaria doctora Blanca Montero es un mito vivo, una santa que conserva su lucidez y su sonrisa de paz. Sí, vive en una estoica pieza de adobe en la casa tradicional de su familia en una localidad llamada San Francisco, entre Paredones y Bucalemu.
Ella goza del cariño de la comunidad porque optó por los campesinos, a quienes donó tierras y casas, en una opción por la vida comunitaria de su cristianismo férreo y comprometido. En su habitación, hay una imagen de la Virgen, oraciones de San Francisco de Asís, el Padre Hurtado. Además, de una imagen del héroe-pariente,
(Leer más)