
Mi Padre no deja de darnos regalos: vuelve a ser internado en el Hospital FUSAT y la Carretera del Cobre, al amanecer, camino a visitarlo, a pasos de su habitación, nos serena y maravilla con unos caballos que pastan en la tibieza del otoño, acompañados de una bandada de garzas blancas que cada año juguetean con ellas y lavan sus lomos.
José Darío ama su comarca. El domingo quiso volver al cerro San Juan, a la medialuna donde de niños nos llevaba a toda la prole en las micros rojas, para andar a caballo, ver las domaduras, elevar volantines, andar
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